jueves, 4 de junio de 2026
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Entre Rios

La ciudad volvió a ser el grito de las que ya no tienen voz: una multitud marchó por el “Ni Una Menos”

Bajo un cielo teñido de violeta, más de tres cuadras de manifestantes recorrieron el centro de la ciudad. El recuerdo punzante de Agostina Vega marcó el pulso de una jornada donde el reclamo a la Justicia y la denuncia…

Publicado Por R2820Lectura 4 min
La ciudad volvió a ser el grito de las que ya no tienen voz: una multitud marchó por el “Ni Una Menos” - imagen de origen
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Claves

  • Este 3 de junio, al cumplirse 11 años de aquel primer grito que "cambió la historia", la ciudad volvió a pararse en la “vereda de la dignidad”.
  • ¡¡Acá estamos!" Allí, frente al Palacio de Tribunales, la atmósfera se espesó.
  • Los carteles hablaban por las que ya no están: “Que ser mujer no nos cueste la vida”, “Se lo debemos a las que no volvieron" y "Somos el grito de las que no tienen voz”.

Gualeguaychú no fue indiferente al dolor. Este 3 de junio, al cumplirse 11 años de aquel primer grito que "cambió la historia", la ciudad volvió a pararse en la “vereda de la dignidad”. Lo que comenzó pasadas las 17.15 de esta tarde gris, en la tradicional esquina de 25 de Mayo y Rocamora, no fue solo una marcha; fue un ritual de memoria, un lazo inquebrantable que unió a vecinos, docentes, jubilados, ex municipales y concejales con una marea de jóvenes que se niegan a aceptar la crueldad como destino.

El color violeta predominó en las tres cuadras que avanzaron por la arteria principal hasta la Plaza San Martín, pero antes hubo una parada en la puerta de la Cooperativa Eléctrica donde se concretó una intervención con el pegado de carteles: "tocan a una, respondemos todas. ¡¡Acá estamos!" Allí, frente al Palacio de Tribunales, la atmósfera se espesó.

Los carteles hablaban por las que ya no están: “Que ser mujer no nos cueste la vida”, “Se lo debemos a las que no volvieron" y "Somos el grito de las que no tienen voz”. Los aplausos y tambores latieron en recuerdo de víctimas de violencia de género y feminicidios en la ciudad y provincia, justo antes de la representación de Flor Sánchez simulando una situación de secuestro y de intento de escape que, por la gestualidad y expresión de la actriz, conmocionó a cada persona presente.

Este año, la movilización estuvo atravesada por una herida abierta. El femicidio de Agostina Vega, una "gurisa cordobesa de apenas 14 años", sobrevoló cada discurso y cada golpe de tambor. El documento leído por el colectivo Enredadas Feministas de Gualeguaychú y Pueblo Belgrano fue lapidario al señalar la “desidia selectiva” del Estado: "una búsqueda que se demoró bajo prejuicios por tratarse de una piba pobre de un barrio popular", denunciaron sobre el accionar de la fiscalía de Córdoba.

“Nos duele el cuerpo”, expresaron desde el micrófono, uniendo el nombre de Agostina al de Dulce María Candia, hallada sin vida en El Dorado, Misiones, apenas días atrás. Los aplausos y los bombos latieron durante minutos en un silencio respetuoso que solo se rompe con la exigencia de justicia. El documento de este 2026 no solo miró hacia adentro. Hubo una denuncia explícita al contexto nacional, señalando el impacto de la "motosierra" sobre las políticas de protección.

Se denunció el cierre de consejerías de salud reproductiva, el desmantelamiento del Ministerio de Mujeres y la eliminación de programas vitales como Acompañar y el Plan ENIA de prevención del embarazo adolescente. “La crueldad tiene un cronómetro perverso: ocurre un femicidio cada 31 horas”, recordaron, subrayando que detrás de cada cifra hay un cuarto vacío y una mesa donde falta una madre, una hija o una hermana. La marcha también sirvió para desempolvar deudas históricas de la justicia entrerriana.

Se exigió verdad y justicia real por Gisela "Ronnie" Galante y "Pequeña P", víctimas de la violencia machista en 2009 cuyas causas el tiempo y el silencio social han pretendido sepultar. "Un crimen sin esclarecer es una garantía de impunidad", sentenciaron. La jornada culminó con una intervención frente a Tribunales, donde los participantes dejaron constancia de su reclamo ante una justicia que, a menudo, parece más ocupada en los escritorios que en las barriadas olvidadas.

En Gualeguaychú, el mensaje quedó flotando en el aire: la esperanza es un acto de resistencia. Y "mientras falte una, mientras la violencia siga siendo el lenguaje del poder, las calles de la ciudad seguirán siendo el escenario de este amor infinito por las que ya no están y el compromiso inquebrantable por las que quedamos", culminó el extenso documento. Al anochecer, la comunidad volvió a decir "Ni una menos. Vivas y libres nos queremos".