Claves
- La imagen de Leo Morales levantando un trofeo con Belgrano de Córdoba y celebrando un gol en una final ante River parece resumir el mejor momento de una carrera deportiva.
- Sin embargo, detrás de esa escena hay una historia de perseverancia que comenzó muchos años antes, en Villa Urquiza, y que estuvo lejos de los caminos habituales que recorren los futbolistas profesionales.
- En diálogo con Elonce, el defensor entrerriano recordó que el recorrido hasta llegar a la máxima categoría del fútbol argentino no fue sencillo.
La imagen de Leo Morales levantando un trofeo con Belgrano de Córdoba y celebrando un gol en una final ante River parece resumir el mejor momento de una carrera deportiva. Sin embargo, detrás de esa escena hay una historia de perseverancia que comenzó muchos años antes, en Villa Urquiza, y que estuvo lejos de los caminos habituales que recorren los futbolistas profesionales.
En diálogo con Elonce, el defensor entrerriano recordó que el recorrido hasta llegar a la máxima categoría del fútbol argentino no fue sencillo. De hecho, mientras otros jugadores daban sus primeros pasos en divisiones inferiores de clubes de AFA, él construía su carrera desde otro lugar. “Más que soñado, lo que todo futbolista de chico sueña, que es llegar a Primera División. Más que ustedes saben cómo fue mi historia de vida, que no fue fácil.
Recién me tocó debutar a los 28 años en Primera y qué mejor que coronarlo con un título”, expresó Morales al referirse a la reciente consagración con el conjunto cordobés. Antes de llegar al profesionalismo, Leo Morales debió combinar su pasión por el fútbol con distintas actividades laborales. Durante años trabajó como guardavidas y también como albañil, mientras intentaba abrirse camino en un ambiente altamente competitivo.
En la charla con Elonce, recordó que nunca realizó inferiores en instituciones de AFA, una situación que suele marcar diferencias importantes en la formación de los jugadores. “Siempre jugué al fútbol de chico, soñé con este momento, pero obviamente el camino no fue fácil, fue bastante duro”, sostuvo. A pesar de las dificultades, nunca dejó de creer que podía llegar. “No hay que bajar los brazos, hay que luchar por el sueño.
Fui como tocado por una varita por cómo se fueron dando las cosas, pero creo que uno las intentó aprovechar y, a medida que se iba presentando una posibilidad nueva, la tomaba y buscaba dar lo mejor”, agregó. Consultado sobre el sacrificio que exige la profesión, Morales destacó que detrás de los logros deportivos existe un trabajo silencioso que pocas veces trasciende. “Hay muchas cosas que el futbolista deja que quizá la gente no ve.
A veces hasta te perdés el nacimiento de tu hijo, de cumpleaños de la familia, te tenés que alejar de tus amigos”, señaló. Incluso durante el receso continúa entrenándose. Según contó, suele tomarse apenas unos días de descanso antes de retomar la preparación física con el objetivo de llegar en las mejores condiciones a cada temporada. Para el futbolista entrerriano, el compromiso diario fue una de las claves que le permitió sostenerse cuando los resultados tardaban en llegar. “Uno se prepara siempre”, resumió.
Más allá de su presente en el fútbol profesional, Morales mantiene intacto el vínculo con Villa Urquiza. Tras la obtención del campeonato fue recibido por vecinos y autoridades de la localidad, que le brindaron distintos reconocimientos por el logro alcanzado. Durante la entrevista, explicó por qué sigue regresando cada vez que tiene la oportunidad. “Porque es mi pueblo natal, es donde me siento querido, es donde me desconecto también y tengo todos los afectos.
No necesito irme lejos porque en Villa Urquiza tengo todo”, afirmó. Esa pertenencia también estuvo presente en uno de los momentos más especiales de la consagración. “Lo mejor que rescato también es que pude sacar la bandera de Villa Urquiza, que era lo que más me representa y puedo representar al pueblo”, expresó. Con 35 años y después de un recorrido que incluyó trabajo, sacrificio y paciencia, Morales disfruta de un presente que durante mucho tiempo pareció lejano.
Hoy, aquel futbolista que soñaba desde una cancha de barrio en Villa Urquiza puede mirar hacia atrás y comprobar que no abandonó el objetivo cuando más difícil parecía alcanzarlo.
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