Claves
- No pudo haber sido otro que su hermano, Humberto, en avivar a otros en redes al recordar que este miércoles se cumplía un nuevo aniversario del fallecimiento de Sergio Varisco.
- El único radical, que como Sergio Montiel, registró una marca.
- La del intendente muerto podría cobrar otra relevancia si se observa que no fue gobernador.
No pudo haber sido otro que su hermano, Humberto, en avivar a otros en redes al recordar que este miércoles se cumplía un nuevo aniversario del fallecimiento de Sergio Varisco. El único radical, que como Sergio Montiel, registró una marca. Montielismo. Varisquismo. La del intendente muerto podría cobrar otra relevancia si se observa que no fue gobernador. Varisco fue, además, una identidad dentro de un partido que en los últimos 50 años mostró una visible incapacidad para sacar líderes.
Para alcanzar ese estatus, el de conductor, se requiere de varias cosas. Pero sobre todo de alguna que los demás no tengan. Alguna capacidad extra. Si otros la tienen, no hay “un” líder. El fallecido jefe comunal contó con una enorme voluntad de hacer política, de construir una mayoría para ganar elecciones, pero además una vez en el lugar de la gestión tuvo muñeca. Fue intendente en la peor crisis postdictadura.
Cuando entregó el gobierno municipal en 2003 se subrayaba que no se habían resentido los servicios y que la planta de trabajadores cobraba en pesos. Casi un país nórdico para la provincia y el país de entonces. En esa gestión, atravesada por la crisis, Varisco creó el Incinipa (Ingreso Ciudadano de la Niñez de Paraná), que el kirchnerista Julio Solanas borró. Era una especie de Asignación Universal por Hijo (AUH).
Intolerable para el radicalismo, que al poco tiempo iba a tener en boca de sus principales líderes, Ernesto Sanz, declaraciones ejemplificadoras del devenir partidario sobre esa política pública y, por qué no, “populista”: “La asignación se está yendo por la canaleta del juego y la droga”.
Varisco le ofrendó al radicalismo de 2003 el 35 por ciento de los votos en Entre Ríos, cuando en Nación el centenario partido había implosionado y ramificado en otras vertientes, dejando a la histórica UCR en el calamitoso 3 por ciento. Tuvieron que pasar 12 años para que el radicalismo no tuviera otra carta para recuperar la ciudad que la de Varisco. Ganó. Transitó derrotas y un accidente brutal que probablemente lo afectara hasta el último día de su vida: el 27 de mayo de 2021.
Una mañana de finales de 2018 un colaborador se contactó con este cronista para invitarlo al palacio municipal porque “Sergio tiene una primicia para anunciarle”. La conversación, en su despacho, duró casi dos horas con dos temas: la capacidad compositiva de Jorge Fandermole y cómo Carlos “Negro” Aguirre había aportado y modernizado el folclore. Finalizando el encuentro, camino hacia la puerta, deslizó: “Te quería decir que en esto hay que ser realista, voy por la reelección”.
Su única obsesión en la vida, ganar una elección, lo llevó a prenderse de cualquier cosa. La Justicia probó que se financió con narcos, pero esa condenable actitud casi con seguridad no lo convirtió en narco. Se desconoce que haya tenido un incremento patrimonial o una vida de opulencias y fastuosidad. Cuando toda esa historia se contaba en los principales medios del país, y obviamente provinciales, el radicalismo hizo silencio.
Años más tarde debió hacer lo mismo ante las fechorías de un candidato de la provincia de Buenos Aires, José Luis Espert, enrolado en el libertarismo que entre otras cosas, y más que a los periodistas, odia a los radicales. Sobre todo a la figura de Raúl Alfonsín. La política le ofreció al entonces intendente entregar ante Patricia Bullrich a compañeros de ruta a cambio de salvarse de todo. No entregó a ninguno. Terminó como le habían anunciado en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA).
La última disidencia de Varisco con la mayoría de la UCR Entre Ríos la plasmó su hija Lucía, en una placa en el Comité Provincial, a un año del fallecimiento de su padre. Desconoce el fallo judicial condenatorio e inscribe a Varisco en una lista de víctimas de lawfare. Una afrenta para los radicales que suelen festejar fallos judiciales promovidos y orquestados por socios pero, ellos, no van en nada.
Delta