Claves
- Desde agosto, las sucesiones sin testamento deberán iniciarse mediante un formulario digital en la Mesa Virtual del Poder Judicial.
- El STJ promete bajar un trámite que puede demorar un año y medio a un plazo de 45 a 60 días si está todo completo.
- La medida parece razonable, moderna y necesaria.
Desde agosto, las sucesiones sin testamento deberán iniciarse mediante un formulario digital en la Mesa Virtual del Poder Judicial. El STJ promete bajar un trámite que puede demorar un año y medio a un plazo de 45 a 60 días si está todo completo. La medida parece razonable, moderna y necesaria. Ahora viene lo más importante: que funcione. Entre Ríos tendrá desde el 1° de agosto un nuevo sistema digital para las sucesiones sin testamento.
Y esta vez, a diferencia de tantos anuncios judiciales envueltos en lenguaje de modernización, la medida parece apuntar a un problema real: uno de los trámites más comunes, más repetidos y más desgastantes para las familias. Hasta ahora, una sucesión simple podía transformarse en una larga espera. Papeles, presentaciones, sorteos, tasas, observaciones, criterios distintos según el juzgado y demoras que muchas veces no se explican por la complejidad del caso sino por la lentitud del sistema.
El Superior Tribunal de Justicia reconoce que el promedio entre el inicio de una sucesión sin testamento y la declaratoria de herederos ronda el año y medio. La promesa ahora es fuerte: con el trámite completo y sin observaciones, la declaratoria podría salir en 45 a 60 días. Si eso se cumple, no es un detalle menor.
Para muchas familias, una sucesión no es un expediente abstracto: es una casa que no se puede vender, un auto que no se puede transferir, una cuenta que no se puede ordenar, un campo que queda trabado, hermanos que esperan, herederos que necesitan resolver y abogados que muchas veces terminan dando explicaciones por demoras que no dependen de ellos. El nuevo sistema reemplaza la tradicional presentación inicial por un formulario disponible en la Mesa Virtual.
También elimina la llamada “foja 0”, ordena el sorteo a través de SIRIRI y genera automáticamente la tasa de justicia al completar la carga. En principio, todo apunta a un trámite más claro, más previsible y menos artesanal. Eso es bueno. Y hay que decirlo sin mezquindad: cuando el Poder Judicial avanza en herramientas que pueden simplificarle la vida a la gente, corresponde reconocerlo. No todo tiene que ser leído como rosca, maquillaje o propaganda.
Hay modernizaciones que, si funcionan, mejoran concretamente la relación entre el ciudadano y la Justicia. Pero también hay que marcar el punto central: digitalizar el inicio no alcanza si después el expediente vuelve a dormir en el juzgado. La clave no será sólo el formulario. Será la respuesta posterior. Será que los juzgados tengan criterios uniformes. Será que las observaciones no se conviertan en una nueva forma de demora. Será que la tasa automática no traiga errores.
Será que el sistema sea amigable para los abogados y no una carrera de obstáculos digital. Será que las familias no pasen de la vieja burocracia en papel a una burocracia con clave y pantalla. También será importante cuidar el rol profesional.
Una sucesión puede parecer simple, pero detrás puede haber bienes registrables, herederos omitidos, conflictos familiares, deudas, cesiones, declaratorias anteriores, tracto abreviado, inmuebles con problemas, personas vulnerables o discusiones que no se resuelven con un formulario. La tecnología debe ordenar, no banalizar el proceso. La buena noticia es que el STJ informó capacitaciones para empleados judiciales y profesionales de la abogacía.
Eso muestra que no se trata solamente de lanzar un botón y dejar que cada uno se arregle. La implementación requiere práctica, acompañamiento y corrección de errores. Entre Ríos necesita una Justicia más rápida, pero también más confiable. Si este sistema logra que las sucesiones sin conflicto se resuelvan en dos meses, será un avance concreto. No una consigna, no una reforma de laboratorio, no una foto institucional: un cambio útil. La Caldera suele mirar con lupa al Poder Judicial, y debe seguir haciéndolo.
Pero en este caso corresponde una mirada equilibrada: la idea parece buena, el objetivo es correcto y el beneficio social puede ser importante. Ahora empieza la prueba de verdad. Porque la modernización judicial no se mide el día del anuncio. Se mide cuando una familia entra al sistema, carga los datos, paga la tasa, espera la declaratoria y comprueba si el expediente salió en dos meses o volvió a quedar atrapado en el mismo laberinto de siempre. La sucesión digital parece una buena noticia. Ojalá funcione.
Porque una Justicia moderna no es la que sube formularios a internet: es la que deja de hacer esperar años a la gente para resolver lo que debería ser simple. Web:
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